miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ya ves, a veces no basta con mirarse a los ojos y desear que desaparezca todo lo que no sea el chocolate de tus ojos. No es suficiente agarrarse a tu hombro como un náufrago desorientado, beber de tu contacto como la única gota de agua potable del mar. Ya lo ves, apostamos más de lo que era políticamente correcto decir en voz alta y perdimos. A ti se te llevaron las faldas cortas y las medias sonrisas, mientras que yo acabé prisionera de tu recuerdo y con la maleta ya hecha. Pensamos que bastaba con desear poseer cada milímetro cuadrado de la piel del otro pero ya ves, esta vez querernos no fue suficiente. Y quisiera llamarte y desearte suerte en tu viaje, pero las lágrimas han inundado mi habitación y no recuerdo donde he dejado el teléfono. Porque te quise tanto que apenas podía pronunciar mi nombre. Porque a veces lo que parece más obvio es justo lo que se nos escapa.

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